26. SALA DE ORFEBRERÍA

 

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El tratamiento sintético y minimalista de la exposición, en las salas recorridas hasta aquí, tiene por objeto no sobrepasar a la obra de arte, que es la verdadera protagonista de unos espacios amplios, en los que puede ser contemplada a placer.

Pero esta sala, que reúne piezas de orfebrería, produce la impresión contraria. De hecho, la abundancia y variedad de objetos, su riqueza material y su belleza artística, casi abruman al espectador.

La mayor parte de los objetos aquí reunidos proceden del Tesoro de la Catedral de Barbastro, que comenzó a enriquecerse cuando, en el siglo XVI, recuperó su rango de primera iglesia diocesana. Los sucesivos prelados, los canónigos y el propio Cabildo de la Catedral, rivalizaron en sus donativos al Tesoro, encargando obras de especial categoría a los más prestigiosos plateros, y no sólo de Barbastro, sino de otras ciudades como Barcelona o Zaragoza.

El gremio de plateros de la ciudad experimentó desde entonces un notable auge y por la calidad de su producción, se sitúa entre los mejores talleres del Reino de Aragón.

Los plateros eran ciudadanos respetados y gozaban de una gran consideración social porque trabajaban con metales preciosos y caros, con los que sólo podían comerciar personas económicamente potentes y porque de sus manos salían los objetos utilizados en el culto.

Casi todas las piezas de plata llevan una marca o punzón.

El marcaje servía de garantía para el comprador, pues aseguraba que el objeto estaba fabricado con plata de ley, es decir, con un material que tenía el grado de pureza exigido por la normativa y en cuya aleación, no se había empleado un exceso de metal no precioso, como el cobre. Se marcó plata en más de un centenar de localidades españolas. En Barbastro, la plata se marcaba con el nombre abreviado de la localidad: BARB y a veces, el artífice de la obra dejaba también su marca nominal.

Al servicio del Tesoro catedralicio había un Platero de la Iglesia, cargo oficial que tenía por objeto cuidar, renovar y realizar nuevas piezas. Y es que las celebraciones litúrgicas de una Catedral exigían un gran número y variedad de objetos de plata como los que vemos.

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