Roda de Isábena

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CATEDRAL DE RODA

La Catedral de Roda de Isábena testimonia la larga trayectoria histórica de este emblemático lugar de Ribagorza. El obispo Sisebuto consagró la iglesia en el año 819. Cuando Ramón II, Conde de Ribagorza (950-970) consiguió la independencia del condado, puso todo su empeño en erigir una Diócesis propia.

Esto se logró el 1 de diciembre de 956, gracias a que el arzobispo de Narbona, Aimerico, la designó sede con obispo propio, segregándola de la Diócesis de Urgel. Su primer obispo fue el hijo del Conde Ramón II y de Garsenda de Fesensac, Odisendo, quién la consagró a san Vicente Mártir el 17 de noviembre de 957.

Tras la destrucción de la primitiva Catedral por parte de Abd-al-Malik, hijo de Almanzor, en agosto de 1006, los ribagorzanos decidieron construir una nueva en 1017, encomendando las obras a un equipo de maestros lombardos.

Cuando apenas el templo comenzaba a hacerse visible, sus constructores se vieron reemplazados por un equipo de maestros navarros que continuaron los trabajos según normas distintas.

La conquista del condado por parte de Sancho Garcés El Mayor de Navarra, privó a Ribagorza de su independencia.

En el año 1030 el Obispo Arnulfo volvió a consagrar el templo, añadiendo a la advocación de san Vicente Mártir la de san Valero, después de que fuesen trasladados sus restos a esta Catedral por mandato de dicho Obispo.

Tras la conquista de Barbastro en 1100, la Sede Episcopal se traslada a la ciudad del Vero.

A partir de ese momento pasó a denominarse unas veces Roda-Barbastro y otras Barbastro-Roda. Más tarde Ramón Berenguer IV, príncipe de Aragón y conde de Barcelona, trasladó la Sede Episcopal a Lérida, tras ser conquistada esta ciudad a los musulmanes en 1149, perdiendo así Roda y Barbastro la condición de sedes episcopales.

SAN RAMÓN, UN OBISPO SANTO

Procedente de Tolosa (Francia), ocupó la Sede Episcopal de Roda entre 1104 y 1126.

Se distinguió, además de por sus extraordinarias virtudes personales, por una férrea defensa del territorio diocesano y por su empeño en levantar y consagrar nuevos templos: san Clemente y santa María de Tahull, la cripta de santa María de Alaón y la parroquia de Aler entre otras.

Sus restos descansan en el magnífico sarcófago del siglo XII que se halla en la cripta central. Desde el mismo momento de su muerte, se convirtió en un lugar muy frecuentado de peregrinación, debido a su fama de santidad. Es una pieza de fina factura, tallada en piedra donde se representan pasajes de la vida de la Virgen y de la infancia de Cristo y una escena del propio san Ramón pontificando.

De esta misma época son los espléndidos capiteles dispuestos en el magnífico abocinado de seis arquivoltas con escenas bíblicas y sacras que dan acceso a esta Catedral.

Una de las piezas más valiosas es la llamada silla de san Ramón, de principios del siglo XII. Tallada en madera de boj, presenta motivos de animales fantásticos de inspiración nórdica. Este mueble, de excepcional rareza, es único en España. Su talla es minuciosa y exquisita en extremo. Tras el robo y destrozo sufrido en 1979, actualmente los fragmentos recuperados se encuentran reubicados en una estructura de metacrilato.

En los años 80 se extrajeron, entre otras piezas, del interior del sarcófago la mitra, guante y sandalias, piezas con las que se vistió al santo Obispo para su enterramiento y que hoy se pueden contemplar junto a la silla.

Extraordinaria resulta la colección de textiles que albera la Catedral. Un conjunto de piezas único entre el que se encuentra el denominado “Ajuar de san Ramón”, una pequeña parte del ajuar del obispo san Valero -la variedad y la riqueza del mismo hacen que se pueda clasificar como uno de los primeros conjuntos textiles funerarios de los conservados en España, fechado entre el siglo X y el siglo XII, al que seguirían el conjunto de san Valero y el de Ximénez de Rada-. Este rico legado textil se asocia a la figura del Santo primero por la importancia de su figura y su gusto refinado y por otro lado por la cronología, ya que serían todas obras del siglo X-XII. Este conjunto lo forman básicamente: una capa-casulla, una dalmática, un sudario de lino, un sudario de seda persa de los siglos X-XI, un fragmento decorado, un sudario egipcio islámico de tradición copta de los siglos X-XI, una mitra –tejido hispanomusulmán del siglo XII tejido en seda y oropel-, un guante episcopal de algodón del siglo XII, dos sandalias y un conjunto de pequeños fragmentos textiles (quizás forro de pequeñas arquetas o envoltorios de reliquias). Aunque la gran mayoría de estas piezas tienen procedencia andalusí, también las hay de procedencia oriental, adquiridas quizás gracias al comercio -hay que recordar aquí la importancia del mercado de Barbastro, donde se vendían objetos de lujo, entre los que se encontraban los textiles-.

Numerosos retablos, lienzos, orfebrería, tejidos y diversos objetos completan el rico patrimonio que alberga este singular edificio.