17. RETABLO DE LA VIRGEN CON EL NIÑO PROCEDENTE DE OTO. Blasco de Grañén, Segundo cuarto del siglo XV. Temple graso sobre tabla.

Retablo de Oto, Blasco de Grañén. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

Retablo de Oto, Blasco de Grañén. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

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Este retablo es una obra temprana y no documentada de Blasco de Grañén, el más completo representante de la pintura gótica internacional aragonesa del segundo cuarto del siglo XV.

Denominamos a esta pintura estilo internacional porque en este momento el arte gótico presenta unas características comunes en toda Europa. Y es que no sólo viajan los artistas sino también las obras de pequeño tamaño y poco peso, como los cuadros de devoción o los libros miniados. Así, el arte se consume muy lejos de donde se produce y las influencias mutuas y constantes hacen que el estilo se internacionalice.

Este nuevo estilo gótico internacional escoge como fuentes de inspiración lo mejor de la pintura italiana del Trecento. Lo apreciamos en los abundantes fondos dorados, la elegancia cromática de rosas, malvas y verdes, y el naturalismo que observamos en el buey y la mula o el pesebre de la escena de la Natividad.

Natividad, detalle del Retablo de Oto, Blasco de Grañén. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

Natividad, detalle del Retablo de Oto, Blasco de Grañén. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

Pero también se inspira en la pintura del norte, sobre todo, en la miniatura francesa de donde el estilo internacional toma el gusto por el detalle y la anécdota. En la escena de la Natividad vemos un San José más preocupado por calentarse las manos en el brasero, pues es diciembre, que por atender al milagro del Nacimiento de Nuestro Señor.
Es un estilo caracterizado por la estilización no sólo de las figuras sino también de las montañas o los arboles.

Detalle de la tabla central del Retablo de Oto, Blasco de Grañén. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

Detalle de la tabla central del Retablo de Oto, Blasco de Grañén. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

Y además se trata de un estilo elegante y cortesano, que se recrea en la riqueza y suntuosidad de la indumentaria.

Fíjate en la Virgen: va vestida de terciopelo y armiño, y tocada con una gran corona de oro, como corresponde a una reina.

Reproduce un tipo de belleza femenina muy característico de este periodo con rasgos centroeuropeos: una mujer de cabeza pequeña, ancha frente, ojos azules, cabello largo y rubio y tez clara.

Ella, La Virgen, es la protagonista indiscutible de la devoción popular en el mundo gótico, pues si se buscaban intercesores, ¿quién podía interceder mejor que la Madre del mismo Dios?

A sus pies parece arrodillada la figura de una donante. Su tamaño es menor pues también lo es su importancia. Y es que la jerarquización de las figuras sigue estando presente en el periodo gótico.

El cuerpo del retablo está dedicado a la Virgen y representa los momentos más destacados de su vida. En el ático, a ambos lados del Calvario, la Virgen y el Arcángel Gabriel representan la Anunciación; en el cuerpo del retablo a la izquierda, la Natividad y la Epifanía. A la derecha, la Ascensión, Pentecostés y la Coronación de la Virgen como Reina del Cielo por su hijo.

Resurrección, detalle del Retablo de Oto, Blasco de Grañén. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

Resurrección, detalle del Retablo de Oto, Blasco de Grañén. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

A la izquierda, una de las casas del retablo representa la Resurrección, pero el autor ha incorporado en una sola escena dos pasajes:
• Cristo resucita y sale del sepulcro mientras los soldados duermen “a pierna suelta”
• Y la aparición de Cristo resucitado a María Magdalena que se aproxima al sepulcro con el tarro de perfume en la mano dispuesta a ungir el cuerpo sin vida de Jesús.

Aquí observamos los fondos dorados que nos remiten a la pintura sienesa y el intento de simular la profundidad y construir el espacio en tres dimensiones sobre la superficie plana de la tabla, a través de las líneas de fuga del sepulcro. También observamos la indumentaria contemporánea de los soldados ataviados con armaduras medievales, la estilización de las montañas y el detalle del árbol cargado de frutos, símbolo de la resurrección, el renacimiento y la vuelta a la vida.

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