14. SAGRARIO, PROCEDENTE DE LA IGLESIA DE SAN JULIÁN. BARBASTRO Temple graso sobre tabla. Bartolomé García de Benabarre. 1496

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Estas tres tablas constituyeron en origen un sagrario pintado situado en el centro del banco o predela de un retablo. El retablo, que pertenecía a la iglesia de san Julián de Barbastro, fue contratado por Bartolomé García de Benabarre, hijo de Pedro García de Benabarre, en 1496.

Tablas de un sagrario. Hospital de San Julián de Barbastro. Bartolomé García de Benabarre, 1496 Foto AG Omedes

Tablas de un sagrario. Hospital de San Julián de Barbastro. Bartolomé García de Benabarre, 1496 Foto AG Omedes

El estilo de este pintor, activo en las provincias de Huesca y Lérida en el último cuarto del siglo XV, se inscribe en la corriente del último gótico, atemperado por un naturalismo de carácter popular.

Su iconografía es la habitual en este tipo de muebles en la segunda mitad del siglo XV.

Cristo resucitado emerge del sepulcro con el torso desnudo mostrando las heridas de su pasión. Lleva la corona de espinas y tras él vemos la cruz y los instrumentos de su pasión, o lo que es lo mismo, las Arma Christi, las armas con la que ha vencido a la muerte y al pecado. Vemos la escalera del descendimiento, los flagelos, la caña con la esponja empapada en vinagre, la lanza con la que el soldado Longinos le hirió el costado, los clavos, todavía ensangrentados, las tenazas y el martillo, la bolsa con las monedas que compraron a Judas, los dados con los que los soldados se echaron a suertes la túnica, el cuchillo con el que Pedro sajó la oreja al soldado Malco en el momento del prendimiento, el gallo que cantó tres veces antes del amanecer y la columna de la flagelación.

Esta representación de Cristo, Varón de Dolores, alcanzó una gran popularidad en Europa Occidental en la Baja Edad Media.

Muy lejos quedaban las visiones apocalípticas de la Maiestas Domini, del Omnipotente Dios Juez del periodo románico. Éste es un Cristo hombre, maltratado y sufriente, que conmueve y suscita compasión.

Este cambio de mentalidad vino dado entre otras cosas por la influencia del teatro religioso, que puso en escena las imágenes del sufrimiento de Cristo, por el nuevo espíritu que extendieron los franciscanos y por la proliferación de las meditaciones sobre la Pasión, obra de místicos medievales como san Buenaventura, que crearon alrededor de la figura de Cristo un sentimiento patético, del todo desconocido en el mundo románico.

La sangre que mana del costado de Cristo se vierte en el cáliz de la Eucaristía, poniendo así en relación forma y función, pues el sagrario ha de albergar el pan y el vino convertidos por la Eucaristía en el cuerpo y la sangre de Cristo.

A la izquierda está María, representada como Mater Dolorosa, conmovida ante la visión de su hijo martirizado. Cubre su cabeza con una toca blanca, como corresponde a su condición de viuda de edad avanzada y con un manto azul. Al otro lado está San Juan Evangelista, el discípulo amado, representado como un joven imberbe, con gesto y expresión de dolor.

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