35. PÍXIDES

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Para trasportar las sagradas formas se utilizaba un cofrecito de metal precioso, llamado píxide.

En la vitrina se exponen tres de plata sobredorada y un valioso píxide románico realizado en el siglo XIII.

Píxide románico de cobre y esmalte. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

Píxide románico de cobre y esmalte. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

Es de cobre dorado y está decorado con esmalte “champlevé”, es decir, excavando la lámina de metal y rellenando los huecos con pasta vítrea opaca de color azul, verde, rojo y blanco.

Es cilíndrico y se cumbre con una tapa cónica rematada por una crucecilla.

Sus características formales lo enlazan con los repertorios decorativos utilizados por los talleres de Limoges, que en su período industrial, surtieron de piezas similares a todo el Occidente Europeo.

El Arte Románico no inventó la confección de esmaltes, (era una tradición antigua), pero sí que los elevó a su máximo esplendor dentro de las artes suntuarias medievales. Esta colorista decoración asombraba por su calidad y contó con un mercado floreciente en toda la Europa románica a precios que, eran más asequibles que los de las piezas de orfebrería.

El esmalte consiste en la aplicación de color a base de materiales pulverizados, como el plomo, sílice, o bórax, mezclados con distintos óxidos metálicos, a las piezas metálicas de cobre sobredorado que le sirven de soporte. El óxido de hierro da el color rojo, el antimonio, plomo, y plata proporcionan el amarillo, el cobalto agrega intensos azules y el cromo da las distintas tonalidades de verde.

Es necesario someter esta pasta a temperaturas entre 750 y 800º C, para que adquiera el aspecto del vidrio transparente de colores.

El esmalte se podía aplicar mediante dos técnicas: el alveolado o cloisonné, consistente en habilitar celdillas independientes para alojar los esmaltes; la segunda es la de campeado o champlevé, que consiste en practicar unos pequeños huecos excavados para el esmalte. Las zonas no esmaltadas se sobredoraban.

Por su complejidad técnica, la realización de esmaltes requirió talleres de especialistas. Los más importantes se ubicaron en los valles del Rhin y del Mosa, en Limoges o en Silos.

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