19. LA CIRCUNCISIÓN DE JESÚS. SECASTILLA. Óleo sobre tabla. Segundo cuarto del siglo XVI.

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Esta escena tiene lugar en el interior de un templo, en la zona sobre elevada del presbiterio, en cuyo centro se sitúa el altar vestido con telas de damascos dorados. Su protagonista es el anciano Simeón.

Según el Evangelio Apócrifo de Pseudo Mateo, “era un hombre de Dios, perfecto y justo, de edad de ciento doce años”. Estas palabras explican su indumentaria, pues va revestido con casulla y tocado con una mitra episcopal, y su barba larga y cana, denota su avanzada edad. Un nimbo dorado constituido por dos círculos concéntricos expresa su santidad.

Circuncisión de Jesús. Siglo XVI

Circuncisión de Jesús. Siglo XVI

Simeón sostiene al niño desnudo con unos paños de color rojo. En su cabeza resplandece un nimbo a modo de corona de rayos y flores de lis doradas y extiende los brazos hacia la madre.

La escena narra el momento posterior a la ceremonia, pues de la herida del niño todavía caen unas gotas de sangre, y en el centro de la composición, sobre un altar, vemos el cuchillo con el que se ha producido el sacrificio y la bandeja donde reposa el santo prepucio.

A lo largo de la época medieval diferentes iglesias de Europa aseguraron tenerlo en su poder y fue considerado una valiosa reliquia por su vinculación con la persona de Jesús.

La Virgen María es la otra protagonista de la escena.

Sonríe extendiendo los brazos hacia el niño.Lleva un nimbo de santidad decorado, un velo sobre la cabeza, túnica roja y manto azul muy oscuro. La luz entra por la izquierda y la virgen proyecta su sombra en el pavimento, lo que aporta una mayor dimensión a la figura.

A la izquierda hay una figura femenina. Representa a la Profetisa Ana, que asiste a la ceremonia desde un segundo plano. Su cabeza va tocada, como corresponde a su condición de viuda, y tal y como relata el Evangelio de Lucas, su rostro muestra las arrugas que delatan su avanzada edad.

A la derecha aparece un hombre joven, que señala al niño con el índice de la mano izquierda extendido y se lleva la mano derecha a la cabeza en un gesto que expresa admiración. Puede tratarse de Joel, a quien citan los apócrifos como un hombre sabio, misericordioso y temeroso del Señor y que conocía a fondo las leyes divinas y a quien atribuyen el acto de la circuncisión de Jesús.

La representación de la circuncisión muestra el primer derramamiento de sangre de Jesús y con él se prefigura su pasión en la Cruz.

El autor, conocedor de los rudimentos de la representación de la perspectiva, ha tratado de generar toscamente la impresión de profundidad valiéndose del damero del pavimento blanco y verde, de las líneas de fuga del entablamento y de las bóvedas de nervios que cubren la capilla.

Así, pese a su simplicidad en el tratamiento técnico, la narración del episodio cumple eficazmente la función que en siglo XVI tiene la imagen religiosa, como medio de explicación e interpretación de las verdades de la Fe.

La imagen, asociada a la palabra de los predicadores, por su ubicación en un lugar preeminente del templo, permitía una percepción constante y colectiva y tenía un papel fundamental como instrumento de persuasión, en la medida en que servía de modelo y contribuía a conmover al fiel, afianzándole en sus creencias.

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