El culto a la Eucaristía, desarrollado especialmente tras la Contrarreforma, dio lugar a esta pieza característica del ajuar litúrgico.
La custodia alberga y muestra la Hostia Consagrada para exposición y adoración de los fieles.
Ésta se colocaba en el viril, entre dos vidrios, uno de los cuales es, en la práctica, una puerta que se abre y cierra.
Las dos que se muestran aquí son “de mano” y eran usadas en la procesión.
Fueron realizadas en el siglo XVIII y presentan la característica decoración barroca a base de cabezas de querubines, carnosos elementos vegetales y tornapuntas en “ce”.
Ambas son de las denominadas de “tipo sol”, un modelo que se generalizó a partir del siglo XVII caracterizado por la ampliación del viril con radiaciones, resplandores y ráfagas de rayos rectos y flameantes alternados y acabados en estrellas con piedras de colores.

