28. CÁLICES

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El cáliz, es una de las piezas más importante dentro del culto católico, pues está destinado a contener el vino que, en la Consagración, se convierte en la sangre de Cristo.

Cálices siglos XVI y XVII Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

Cálices siglos XVI y XVII Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

Desde muy tempranas fechas se realizó en metal, y en el siglo XIV empezó a generalizarse su fabricación en plata. Muchos de los expuestos aquí están realizados en plata además sobredorada.

Un cáliz consta de tres partes: la copa, el pie y el vástago.

La copa presenta a veces su parte inferior, llamada subcopa, decorada. En el vástago, la parte central se abulta a modo de manzana o nudo. El pie o peana suele ser circular, pero hasta el siglo XVI presentaba formas estrelladas o polilobuladas.

Observando los cálices expuestos en la vitrina advertimos que su altura irá aumentando hasta el siglo XVIII.

En el siglo XVI, el diámetro de la copa y la anchura de la base fueron mayores que en los siglos posteriores. El de Yeba presenta base polilobulada y el nudo ancho aplastado de tradición gótica. También es gótica la tipografía en la que está grabado el anagrama del nombre de Cristo: ISH XPS.

Los de principios del siglo XVII, se caracterizan por la pureza de líneas, la desornamentación y la cuidada geometría.

La pieza se muestra completamente lisa y se articula en una elegante y bien compuesta sucesión de molduras. En esta época se generalizaron las formas abalaustradas de la mano de la extensión de la mecánica del torno.

Su sencillez contrasta con el horror vacui de los cálices barrocos, de finales del siglo XVII, como el que aquí se expone. Presentan una potente decoración en relieve de tipo vegetal invadiendo toda la superficie. Era frecuente que cada sacerdote celebrase con un cáliz diferente, por lo que además de los costeados por la fábrica eclesiástica, había otros cálices encargados por los mismos sacerdotes, en los que aparecen los escudos heráldicos de donantes y propietarios. En el pie de uno de ellos, además del escudo, podemos leer la siguiente inscripción: “ES DEL LICENCIADO JUAN TORRES, CANÓNIGO DE LA CATEDRAL DE BARBASTRO. IZOSE EN EL ANNO 1693”.

De mediados del siglo XVII es el cáliz con aplicaciones de esmaltes nielados en espejos ovales, por toda la superficie del pie, el astil y la subcopa. Junto con las piedras, ostentosamente engarzadas en cabujones florales, crea un decidido efecto de riqueza.

La estructura purista y geométrica del astil, seccionado continuamente por arandelas horizontales y molduras, contrasta con el repertorio vegetal de la decoración a base de tallos envolutados y curvos, que denota un decidido avance hacia el barroco.

El escudo heráldico con timbre episcopal, denota la pertenencia del cáliz al Obispo.

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