Una vez realizados el frontal y las gradas de plata que por voluntad del Obispo Alamán ornarían el altar mayor de la catedral, todavía sobró plata que quedó en poder del platero Joseph Fuentes. El Cabildo decidió que con ella se harían dos bustos relicarios: uno de San Carlos Borromeo y otro de San Victorián, que fueron realizados entre 1739 y 1740.
En la catedral existían otro dos, de San Ramón y de san Valero, que habían sido donados por el canónigo Arroyos en el siglo XVII y son de superior calidad técnica.
Esta tipología estaba muy extendida en Aragón, donde existen más de cincuenta piezas de este tipo, muchas de primera magnitud artística, conjunto totalmente inigualable que coloca a la región a la cabeza de esta faceta artística, en la que no tuvo ni rivalidad ni seguidores próximos.
Tres bustos donados por el Papa Luna en el siglo XIV para la Seo de Zaragoza son los precedentes y modelos de todos los realizados con posteridad.
Originariamente el destino de estos bustos de plata, era guardar una reliquia del santo al que representan consistente en un trozo de hueso de la cabeza.

Brazos de San Ramón, izquierda, y San Valero, derecha. Siglo XVII. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón
Para los huesos del brazo se labraron otras piezas en forma de brazo, como las que vemos, también del siglo XVII y pertenecientes a San Ramón y San Valero.




