08. CRISMÓN. Catedral de Barbastro, siglo XIII

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El Crismón es una de las piezas que mejor encarna el simbolismo del arte medieval.

Es el monograma de Cristo en griego, formado por las dos primeras letras de su nombre, X y P. Se completa con la primera y última letras del alfabeto griego, “alfa” y “omega”, que aluden a la infinitud de Dios, principio y fin de todas las cosas.Éstas penden de los ástiles de la X.

Un  travesaño central alusivo a la cruz de Cristo, completa la forma de rueda de la pieza. La S, letra final del anagrama “XRISTOS”, suele enlazarse con el astil de la P. Esta S también puede hacer referencia al Espíritu Santo, con lo que se otorgaría al crismón un sentido trinitario, como afirmación contra las herejías que cuestionaban el Dogma de la Trinidad o de la naturaleza Divina de Cristo.

Todo el conjunto se encierra en un círculo, símbolo de la inmutabilidad y perfección divinas.

Dos ángeles sujetan el crismón mientras pisan dos seres fantásticos que encarnan el mal. Se trata de mantícoras, seres fabulosos con cuerpo de felino, rostro del mismo animal y cola de escorpión, por la que lanzan dardos envenenados. Así, la pieza en conjunto simboliza el triunfo de Cristo sobre el pecado, sobre el mal y sobre la muerte.

mantícora

mantícora

Entre otras particularidades, en el centro, inscrito en el interior de una estrella de ocho puntas, hay un Agnus Dei, Cordero de Dios. Esta estrella de ocho puntas simboliza en el credo musulmán el número de los que sostienen el Trono de Dios en la escatología islámica, (tres profetas y cinco ángeles). Su uso lo popularizo por todo el Mediterráneo Abderramán I, primer califa de Córdoba, pero se extendió por el norte de la Península de la mano de los mudéjares. Su aparición en este crismón sitúa su realización a principios del siglo XIII.

La pieza destaca por la calidad de la talla, de gran profundidad, su finura de ejecución y su preciosismo. Pero sin duda, lo que más llama nuestra atención es la policromía con la que ha llegado a nosotros.

El análisis químico de una muestra  ha identificado dos policromías superpuestas. Para dicha muestra se escogió el azul, porque es uno de los pigmentos que más ha variado en su uso y naturaleza a lo largo de la historia de las técnicas pictóricas y por tanto, de los que más datos podían aportar para aproximarnos a su cronología. La primera capa, aplicada sobre el soporte de piedra, está compuesta por una base negra que recibe al pigmento azurita aglutinada con aceite. Sobre esta capa hay un repinte a base de aerinita, color azul arcilloso característico de la época medieval, que sitúa la policromía de ambas capas en un ámbito cronológico que abarca desde finales del siglo XIII hasta el siglo XV.

Aunque no toda la policromía es original, sí podemos afirmar que nos aproxima de manera muy fiel al aspecto que debían presentar los templos medievales, que no se daban por concluidos hasta que columnas, portadas, canecillos y capiteles, hubieran recibido la decoración pintada.

Acostumbrados a los muros desnudos de piedra vista, esta pieza, que vibra con la intensidad de sus azules y rojos y con el brillo de los oros, constituye una pequeña ventana por la que podemos asomarnos al mundo medieval.

cismón, antes y después de la restauración

cismón, antes y después de la restauración

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