04. EL PANTOCRÁTOR DE VILLAMANA. Pintura mural al fresco, siglo XIV.

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La planta primera del Museo ofrece un recorrido por el mundo rural medieval del Alto Aragón.

En los siglos del románico, los caminos conducían a aldeas y pequeños pueblos de una sola calle como Villamana, sito en la entrada del sobrarbés Valle de la Solana, cuyo único lugar comunitario era la iglesia.

De aquel templo proceden estas pinturas, que originalmente decoraban el ábside.

En este periodo una iglesia no podía considerarse acabada hasta que no había recibido la decoración, y el trabajo de los canteros se había completado con el de los pintores.

La inmensa mayoría de sus muros estaban cubiertos de pinturas y también las superficies exteriores se pintaban.

Tras siglos de circunstancias azarosas y restauraciones basadas en conceptos erróneos, la pintura románica ha terminado casi por desaparecer dejando paso a la visión de los muros completamente desnudos.

Este Pantocrátor (del griego pantokrátor, Todopoderoso) que decoraba el ábside de la Iglesia de Villamana es una bella excepción.

Se trata de una pintura mural realizada al fresco, técnica que exigía un proceso de ejecución muy rápido, ya que sólo se podía pintar mientras el enlucido estaba fresco, de ahí su nombre; una vez seca la superficie ya no admitía más pigmento, adquiriendo una gran dureza y consistencia.

Las figuras son planas y alargadas, y para expresar espiritualidad ojos y manos adquieren desproporcionada dimensión.

La simetría es el principio compositivo básico. La frontalidad proporciona aspecto de equilibrio, reposo y sensación de inmutabilidad.

El tema que decora el ábside es una Maiestas Domini, o lo que es lo mismo, un Cristo en Majestad que ha descendido a la tierra para juzgar a los hombres al final de los tiempos, según la narración de San Juan en el Apocalipsis: “y vi un trono colocado en medio del cielo, y sobre el trono, uno sentado.”

Cristo se presenta majestuoso. Su imagen, desmesuradamente grande, está fuera de lo temporal, alejada de lo circunstancial, inscrito en una aureola almendrada (mandorla) que alude a su gloria, símbolo de lo absoluto, de lo inmutable, de aquello que encierra en sí mismo el principio y el fin.

Detalle Pantocrátor de Villamana. Rostro de Cristo

Detalle Pantocrátor de Villamana. Rostro de Cristoen una semiesfera, símbolo de la tierra.

Sus gestos son autoritarios; con su mano derecha bendice; con la izquierda, sostie ne el libro de la vida.

Su rostro está cargado de trascendente divinidad a lo que contribuyen el hieratismo y frontalidad, la simetría perfecta y la concepción geométrica de toda su figura.

Según la narración del Apocalipsis, la visión de Cristo Pantocrátor exige la del tetramorfos:

detalle León de San Marcos. Pantocrátor de Villamana. Museo Diocesano de Barbastro-Monzón“y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes. [•••] El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. Y los cuatro seres vivientes tenían alas, [•••] Y siempre dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos.” Desde el siglo VI se ha asociado con los Evangelistas.

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