21. RETABLO DE YEBA Óleo sobre tabla. Siglo XVI

Retablo de Yeba. Foto C. Gil. Museo Diocesano Barbastro

Retablo de Yeba. Foto C. Gil. Museo Diocesano Barbastro

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El retablo de Yeba, obra renacentista del siglo XVI, está dedicado a la vida de la Virgen.

La tabla central representa a María sosteniendo en sus rodillas al niño, a quien un ángel entrega una cesta con frutos rojos. Está sentada bajo una hornacina con forma de concha. Los fondos dorados característicos del periodo gótico han dejado paso a la construcción del espacio y de la tercera dimensión mediante el empleo de arquitecturas en perspectiva.

Las escenas situadas en las calles laterales narran los momentos más importantes de la vida de la Virgen. La lectura se inicia de arriba abajo y de izquierda a derecha.

Arriba, a la izquierda San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen, se abrazan ante la Puerta Dorada de Jerusalén.

Ésta era una de las ocho puertas de la ciudad, a través del cual, según la tradición judía entraría el Mesías en Jerusalén. Bajo el arco vemos a un hombre que se dirige al templo portando un cordero como ofrenda. Cuentan las leyendas medievales que San Joaquín y Santa Ana, ya ancianos y tras veinte años de matrimonio, no habían concebido hijos y por ello el santo y sus ofrendas eran rechazados en el Templo. Un día, un ángel le anunció que concebiría a una hija y le pidió que fuera a la Puerta Dorada, donde encontraría a su mujer. El ángel también había encaminado hacia allí a Santa Ana. Cuando se encontraron, se abrazaron y besaron llenos de alegría, momento en el cual Santa Ana concibió a la Virgen, sin pecado.

En la calle derecha, arriba, el Arcángel San Miguel anuncia a María el nacimiento de Jesús. La escena se desarrolla en el interior de una estancia ricamente decorada con una colgadura de brocado. La Virgen está sentada y con humildad, no levanta la mirada del libro de oraciones. Junto ella vemos un jarrón con azucenas blancas que evocan la pureza de María. La estancia se abre al exterior a través de un arco de medio punto que nos permite ver un paisaje de horizonte bajo.

Abajo a la izquierda se ha representado del Visitación de la Virgen, ya encinta a su prima Isabel. La toca que cubre su cabeza manifiesta la edad avanzada de ésta.

La calle lateral derecha se cierra con la escena de la Natividad, en la que encontraremos abundantes detalles que nos remiten al lenguaje formal del renacimiento: el buey y la mula, tratados con naturalismo, asoman tras la puerta del establo; la escena se sitúa entre ruinas de arquitecturas clásicas; el frente de la pilastra que sostiene un arco parcialmente caído, se decora con grutescos renacentistas; el suelo en damero contribuye a construir la perspectiva y la profundidad del espacio, que se prolonga a través del paisaje del fondo. Sin embargo, la proporción de la figura de San José no ha sido bien resuelta, pues ocupa un plano de la composición que le exigiría mayor tamaño.

Arrodillados ante el niño, María junta sus manos en oración y San José sujeta una linterna. Un ángel sostiene la cabecita del niño mientras le coge de la mano, al son de la música de flauta y laúd que interpretan otros dos.

La calle central se corona como es habitual con un Calvario. María Magdalena se abraza a los pies de la cruz y a ambos lados, puestos en pie aparecen la Virgen y San Juan.

En la predela o banco, de izquierda a derecha vemos a San Miguel Arcángel. Desenvaina la espada y sujeta a la vez la balanza. En uno de los platos se han representado las buenas acciones del alma, simbolizadas por una figurita blanca desnuda, en actitud orante. El demonio, cuya piel recuerda el aspecto húmedo, verde y viscoso de los sapos, emerge de la esquina inferior para estirar con la garra el platillo, donde otra figurita blanca se repliega sobre sí misma ante la visión del ser horripilante.

A su lado está San Antonio Abad, un anciano de larga barba apoyado en un bastón, en cuyo hábito destaca la letra griega “tau”. Junto a él aparecen un santo mártir sin identificar y un santo diácono que luce dalmática roja y tonsura, probablemente San Vicente o San Lorenzo.

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