De finales del siglo XV es esta tabla que representa el martirio de san Sebastián.
Este soldado de la guardia de Diocleciano, sirvió de diana viva a los arqueros que lo asaetearon por orden del emperador, al descubrir su condición de cristiano.
Las flechas, que habían sido el instrumento del suplicio, se convirtieron en su atributo y le valieron el patronazgo de numerosas corporaciones, como las de arqueros y ballesteros. Pero su inmensa popularidad deriva, esencialmente, del poder antipestoso que se le atribuía, en una época en que las epidemias diezmaban Europa.
Para muchos, la peste era igual que una lluvia de flechas que un dios irritado lanzaba contra los hombres como castigo por sus pecados. Esta lectura tiene su origen en la mitología griega, pues la Iliada, describe a Apolo disparando flechas infectadas con la peste sobre el campamento griego durante la Guerra de Troya.
La iconografía, tradicionalmente, nos presenta a San Sebastián recibiendo las flechas en su cuerpo, protegiendo así a quienes le invocan. Por eso San Sebastián fue considerado abogado contra la peste y otras enfermedades infecciosas. Esta tabla fue realizada en una época en la que los brotes de peste azotaban periódicamente a la población de Barbastro.
El Santo ha sido representado en el momento posterior a su martirio, con el cuerpo cubierto de heridas y flechas, en pie, con la manos tras la espalda atadas a un tronco. Su figura se recorta sobre un cielo azul y un paisaje desnudo de vegetación.

