Esta casulla procedente de la Catedral de Barbastro, fue tejida en el siglo XIV por un taller de artesanos mudéjares, es decir, musulmanes que conservaban su religión islámica y habitaban en territorio cristiano.
Como es lógico, éstos ponían su habilidad y su oficio al servicio de clientes de su propia religión y también de cristianos y judíos.
La casulla está tejida en tres colores – verde, rojo y blanco – y presenta una decoración geométrica, conformada por una malla de rombos en cuyo interior se inscriben cruces sobre las bandas de fondo verde, y flores, sobre las de fondo rojo.
Los ritmos geométricos de este tejido nos revelan algunas de las claves de la decoración mudéjar. Igual que el arte islámico, es un estilo iconoclasta, porque está íntimamente ligado a la religión y ésta prohíbe la representación de la figura humana. Por eso la realidad se deforma en imágenes geométricas o en formas vegetales estilizadas.
La disposición repetitiva y rítmica de los elementos decorativos permite prolongar un módulo y multiplicarlo hasta el infinito, para reflejar así la indivisibilidad de Dios, su perfección y su infinitud. Como consecuencia de esa repetición el resultado es de una gran densidad ornamental u “horror vacui”, es decir, horror al vacío.



